lunes, 23 de noviembre de 2009

Sólo 5 minutos, y si puedes un poco más…


En el mes de agosto tuve la oportunidad de ver un espectáculo denominado El Gallo, dirigido por Claudio Valdés Kuri con música del británico Paul Barker, dentro del XI Festival Internacional Música y Escena. A través de la música y la corporalidad de los actores-cantantes, nos llevaron por las vicisitudes escénicas a la que se enfrentan un director musical y su coro sui géneris. En esta puesta en escena existe una línea dramática bien definida, pero no hay textos que nos permitan tener claro que le dijo un personaje a otro; juego escénico que no da oportunidad a la distracción en ningún momento, capturándote desde el principio hasta el final. Era estar interpretando continuamente lo que estaba sucediendo; un devenir de risas, angustias y catarsis de casi dos horas, tanto para los intérpretes como para el público. Pero... ¿a caso esto no es vivir? Estamos constantemente interpretando lo que nos dicen, vemos, saboreamos y sentimos, tomando decisiones a partir de todos los estímulos que nos rodean.
Conectarnos con nuestra realidad, abriendo conscientemente los sentidos, nos llevan a descubrirnos, o nos acerca a la idea de quiénes somos y de donde estamos parados. Imaginarnos en circunstancias ajenas a nuestra realidad nos permite evolucionar y desarrollar nuevas maneras de construirnos. Lo que nos provoca al ver una película, disfrutar de una exposición, presenciar un montaje escénico, es el talante actual para evolucionar, pues no tenemos la necesidad de buscar refugio y alimento para sobrevivir día a día como lo hacían nuestro antepasados prehistóricos, que mediante una lucha constante con la naturaleza, desarrollaron un sistema nervioso central apto para sobrevivir.
Ya Gordon Childe, arqueólogo australiano, a principios del siglo XX, en su libro Los orígenes de la civilización planteó que… el desenvolvimiento de un sistema nervioso y de un cerebro, hace que la vida sea posible en condiciones más variadas. Pero no sólo basta ejercitar el pensamiento para seguir evolucionando, pues lo más seguro es que terminaríamos siendo máquinas funcionales. El desarrollo intelectual tiene que estar en armonía con un cuerpo sensible, que perciba su alrededor y, principalmente, su interior. No hay nada afuera de nosotros, que exista adentro.
Moshé Pinchas Feldenkrais, científico ruso, doctor en física, en los años 50 del siglo pasado, estudió la relación que existe entre el movimiento corporal y la manera de pensar, sentir, aprender y actuar en el mundo, estableciendo las bases del método de Autoconciencia por el movimiento e Integración funcional, que hoy día se conoce como el Método Feldenkrais, que en palabras de él mismo nos dice: La vida es movimiento. La vida es un proceso. Incrementa la calidad de ese proceso e incrementarás la calidad de la vida misma.
Que mejor que las expresiones artísticas para mejorar nuestra calidad de vida, pues nos llevan a un viaje interno, tanto corpóreo como mental. Y ni siquiera hace falta ir a un teatro o a un museo para tener experiencias estéticas. Otórgate sólo 5 minutos, y si puedes un poco más… Cierra los ojos, coloca tus manos en el pecho y pon atención a tu respiración y a los latidos de tu corazón. Sin prisa déjate llevar por lo que sucede. Al pasar 3 o 5 minutos, abre los ojos: dibuja o escribe lo que imaginaste. No importa que no sea coherente, sólo permite que se exprese tu creatividad. Comparte lo que hiciste. La interpretación que le diste a tu acto creativo, comparándolo con la interpretación que los demás hagan, te sorprenderá del nuevo sentido que le darás a los latidos de tu corazón.

Marco Antonio Flores
Septiembre, 2009

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