Todos compartimos un cuerpo semejante. Y me refiero a un cuerpo semejante, en el sentido de que estamos constituidos con el mismos número de huesos, músculos, órganos, extremidades… y pesar de la diferencia de edad, sexo, y posibles enfermedades que pudiéramos tener, causándonos alguna diferencia notoria, en gran medida lo que nos hace ser Seres Humanos, es esta materia que nos delimita en el espacio y el tiempo; y aunque pareciera obvio, por una diferencia ribonucleica, no somos ni sapos, ni pinos, o en el mejor de los casos, delfines o chimpancés. El pensarnos en este limitado cuerpo, parece ser algo frustrante y que ya no hay nada más que hacer, sino que seguir en este mundo con el cuerpecito que se nos fue otorgado y cargarlo por el resto de nuestros días…. ¡qué lamentable suena, no! Pero afortunadamente continuamente cambiamos de cuerpo, sin ser conscientes de esta situación. Tenemos presentes los cambios externos de nuestro cuerpo, por ejemplo: nos crece el cabello, nos salen arrugas, crecemos de estatura, o siempre hay alguien que nos ayuda muy amablemente a percatarnos de estos cambios:
-¡Pero que delgado estas! ¿Estuviste enfermo?
- Oye… ¿cómo has cambiado desde tu último embarazo?
Por mencionar algunos ejemplos. Pero de los cambios internos que suceden dentro de nosotros qué.
Una de las tantas maravillas del cuerpo es la Hematopoyesis… ¿la qué? Es el proceso de formación, desarrollo y maduración de las células sanguíneas, que se da en la médula ósea, (o sea, lo que conocemos como el tuétano) y ocurre constantemente sin darnos cuenta. La sangre, sustancia vital que nos ayuda a trasportar nutrientes, oxigeno y desechos orgánicos, no es la misma de hace 3 meses. Entonces, por consecuencia, no somos los mismos desde la cena de navidad, a nuestra última sopa Maruchan que nos comimos apresuradamente ayer por la tarde. En fin, sin perdernos en discernir entre cual es la mejor manera de alimentarnos, hay cambios aún más imperceptibles que se dan en nuestro cuerpo.
¿Quién no sabe andar en bicicleta? Recuerdo que cuando niño -6 o 7 años-, mi mamá me compró mi bicicleta nueva. Yo era feliz con bici y sus rueditas laterales. Pero que terror cuando deciden quitarle las rueditas. No saben el pánico que me daba salir por las tardes a practicar, obligado por mi madre. Al igual que todas las mamás que motivan a sus hijos a aprender a usar la bicicleta, la mía me sostenía por la parte trasera para que no me cayera. Clásico, que en el momento en que ella me soltaba, el miedo me traicionaba y suelo seguro. Raspones, golpes y llanto se hacían presentes todas las tardes. Como todo en la vida, practicando y practicando, desarrolle mi equilibrio, puse atención al frente, mi cuerpo se relajó y aprendí a andar en bici; sin manos y toda la cosa. Sin darme cuenta, de ser un niño temeroso, pase a ser un intrépido ciclista. Pero el asunto es: ¿Cómo es que aprendí a controlar la bici? ¿Qué sucedió en mí para cambiar el miedo por el valor a saltar por los aires con la bici? ¿Qué cambió dentro de mi para que sucediera esto?
Y aquí viene otro concepto raro. Entre nuestras neuronas sucede un proceso comunicativo denominado Sinapsis, que consiste en un intercambio electroquímico, produciendo una red enorme entre los neurotransmisores que existen en el cuerpo, para general todo tipo de impulsos, tanto internos como externos.
Es decir, aprendí a usar la bicicleta porque, de tanto practicar, se construyó en mí una sinapsis cada vez más sólida que me ayudó a controlarla. Así es como uno va dominado las cosas, construyendo redes neurales para toda acción. Si todos tenemos la capacidad de aprender a usar la bici, porque construimos una red neural que nos ayuda a tener esta habilidad, esto quiere decir que puedo construir una sinapsis que me ayude a tocar el piano, a pintar un paisaje en acuarela, a cantar hip hop, a bailar tango y, porque no, aprender a cocinar arroz. Ya lo dijo una vez mi maestra del CICO, Ana Gonzales: Yo soy mi sinapsis, dando a entender que las sinapsis que uno va construyendo en la vida, es lo que nos hace ser diferentes. Uno decide que tipo de Ser Humano desea ser, por las sinapsis que vayamos desarrollando.
Marco Antonio Flores
Este texto es la primera parte de una ponencia presentada el 26 de marzo del 2009, como parte de las actividade de la Semana del Teatro en el CEDART Frida Kahlo.
Foto: Polibolus, de Jhon Kane
