Recuerdo que cuando fui a ver el espectáculo de River Dance, en uno de los momentos de la función, aparecía una bailadora de flamenco. Como me encontraba algo lejos del escenario, no apreciaba con detalle los movimientos de sus manos ni sus gestos faciales, pero lo que si recuerdo era la estela que dejaba al mover los brazos y su torso, en los instantes en que se movía con mayor intensidad. Me pregunto… ¿Qué es entonces lo que vemos cuando disfrutamos una función de danza?
Efímero es el quehacer dancístico, como el destello de una luciérnaga en la oscuridad, y por esta cualidad de desvanecerse tan rápido en el tiempo y en el espacio, hacer un análisis objetivo del trabajo que los coreógrafos realizan hoy en día, es una labor que implica, no sólo el registro videográfico y fotográfico del mismo, sino también una reflexión sobre lo que el público ve y siente, sobre lo que el bailarín y coreógrafo desean comunicar. No quiero decir con esto que elaborar un racionamiento detallado este ajeno a la percepción del espectador, sino que el primer paso que habría que hacer es dejarse llevar por las sensaciones que un espectáculo de danza brinda, permitiendo a la imaginación construir cualquier imagen o idea, y por otro lado, sería interesante conocer la perspectiva creativa que tiene el coreógrafo.
A 6 meses de haber entrado al CICO (Centro de Investigación Coreográfica) he descubierto un vacio con respecto ha que no existe un testimonio por escrito elaborado por los mismos creadores de la danza a cerca de su proceso artístico, generando dentro del gremio dancístico un aislamiento e individualismos, que poco ayuda al acercamiento del público ajeno a la danza. Si cada coreógrafo o bailarín escribiese lo que va descubriendo en su camino por la danza, y lo pudiéramos debatir, cuestionar, dudar… llegaríamos del otro lado del río con grandes coincidencias, con la firme convicción de que cada propuesta es importante y única, no importando qué es lo que se dice, sino cómo se presenta, pues lo importante es detonar en el espectador un motivo con el cual deconstruya su realidad, y le permita elaborar cualquier otra idea de su entorno.
La dialéctica entre espectador y creación -que debería suceder en toda expresión artística- seguirá siendo difícil para los que no van a ver danza, sino existe este diálogo primeramente entre bailarines y coreógrafos, al mismo tiempo que habrá que tomar en cuenta lo que escritoras como Patricia Camacho, Patricia Cardona, Hilda Islas o la mismísima Lin Durán, fundadora del CICO -el cual en este 2009 cumple 30 años de existencia- entre otros investigadores del fenómeno dancístico, han reflexionado y escrito sobre qué es la danza. Las revistas Danza:Pasión y Movimiento y DCO son un loable esfuerzo en lo que se refiere a llevar un registro y análisis de lo que sucede en la escena de la danza en la actualidad, pero no es suficiente, pues quedará la danza en México al margen de otras expresiones artísticas, siempre y cuando no encontremos el eslabón donde el público se sienta identificado con lo que la oferta dancística ofrece.
La aportación por escrito de las reflexiones que pudiera tener cualquier creador o ejecutante desde su género, ya sea contemporáneo, folclore, clásico, jazz, flamenco, belly dance, bailes finos de salón, hip hop… es indispensable para la formación de nuevos públicos y, sobre todo, para el enriquecimiento de las propuestas que cada artista tiene. Así como científicos, médicos, empresarios se reúnen para compartir sus aportaciones, enriqueciendo su ámbito laboral, bailarines, coreógrafos, productores escénicos y cualquiera que pensare que desde su entorno artístico puede participar en la danza, contribuiría a la posibilidad de fortalecerla y que no quedará sólo en el recuerdo efímero de nuestras sensaciones y suspiros, cuando vemos y disfrutamos de un rítmico zapateado, la precisión de una bailarina o el entusiasmo de un chico bailando en la calle break dance.
Así como un haz de luz lo podemos contener y dirigir hacia donde queramos, la danza y su intensa energía que emite, es posible reconocer su origen y hablar de ello, sin arriesgar su esencia, pues no es más que otra extensión de lo maravillosos que es el ser humano.
Marco Antonio Flores
*La imagen se titula El cerebro de Pavlova, Arte obejto. Alan Glass, 2000

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